Jaime Gil de Biedma, personaje de MANILA HOTEL

JAIME GIL DE BIEDMA

Nació en Barcelona en 1929 y falleció en la misma ciudad en  el 8 de enero de 1990. Su padre era parte del accionariado de Tabacos de Filipinas, incluso fue miembro del Consejo de Administración y director de la firma. Por eso, Jaime, más interesado en temas intelectuales que empresariales entró en la plantilla de la compañía tabaquera a dedo (como él contaba) y por su licenciatura en Derecho por la Universidad de Salamanca.

JaimeGil

 

 

Para mí, Gil de Biedma, había empezado siendo aquel cliente
del hotel, amigo de los Zunzunegui, para descubrir asombrado, poco
tiempo después, al poeta. Al dejar el hotel para entrar en el servicio militar,
Jaime me había regalado un ejemplar de su obra Moralidades de la
editorial mexicana Joaquín Mortiz, porque la censura no le había dejado
publicar el libro en España. Me dijo que el almacén de la editorial mexicana
se había inundado, estropeando gran parte de la edición, por lo que
aquel se podría considerar un ejemplar muy especial. Supe, ya antes de
leerlo, que lo era.

Fragmento de MANILA HOTEL

1445967807_107947_1446197573_album_normal

Gil de Biedma, trasgresor y con una gran inquietud política y social, vive plenamente aquella Barcelona de los años 70, que refleja la novela. Su gran sensibilidad, sus ganas de vivir y su orientación sexual le convierten en un personaje peculiar en la Barcelona de aquellos tiempos.

Luis y Jaime gIL DE bIEDMA

En una recepción en Manila con su hermano Luis y representantes de la compañía en Filipinas.

Estuvimos hablando durante una hora del bien, del mal y del mundo
onírico y vital de la poesía. También de las selvas nocturnas de Barcelona
en las que él ejercía de cazador activo, de la suave decadencia de la discoteca
Bikini de la Diagonal, al auge imparable de Bocaccio en la calle
Muntaner, pasando por los innumerables rincones de Tuset Street lugar
de encuentro de la Gouche Divine de Barcelona; gentes de pensamiento
progresista, incluso de ideas comunistas, pero con cuenta corriente de
derechas. Aquel era el mundo por el que mejor se movía Jaime. Actores,
actrices, fotógrafos de fama, periodistas, escritoras, modelos, poetas,
cantautores, burgueses venidos a menos, presuntuosas oligarquías ciudadanas
y cineastas de mérito o de éxito, se daban cita en la pequeña calle
que presumía de infidelidades, de sexualidades diferentes, de viajes extrasensoriales
y de todos los vicios mundanos bailando y magreando en The Pub o jugando a intelectuales escuchando jazz o a jóvenes poetas en el subterráneo de la cafetería Drac-drugstore, la celebrada Cova del Drac, punto de reunión y de primeros conciertos para cantantes que pronto contarían con la bendición popular, como Lluís Llach, María del Mar Bonet, Joan Manuel Serrat, Quico Pi de la Serra o Guillermina Motta, ejemplos de la llamada Nova Canço. En Tuset igual se hablaba de revolución sexual
que de tomar el Palacio de Invierno; de buena poesía y de catalanismo
que de montar una fiesta en uno de los pisos de la vecina Travessera
de Gràcia. Tal vez de esnifar en el coche frente a los jardines del Palacio
de Pedralbes, antes de cerrar la noche en el Kék Duna –Danubio azul– el
bar de Zoltán Czibor, el ex jugador del Barça, en la calle Capitán Arenas.
Nos reímos con las interminables anécdotas de Gil de Biedma sobre la
fauna que habitaba las noches de la calle Tuset y comentamos la situación
política y las últimas protestas mientras la botella de whisky iba menguando,
sacudida por la perenne sed de Jaime.

Fragmento de MANILA HOTEL

Sus inquietudes culturales van desde el arte y la música hasta su gran pasión: la poesía. Poeta en toda la extensión de la palabra, convierte lo mundano, lo coloquial y lo extraordinario, en poesía combatiente y experimentada.Como él decía, vivió una “esquizofrenia controlada”.

Jaime-Gil-de-Biedma-I

Gil de Biedma compartirá con JB versos, conciertos en el Camarote Granados, conversación y filosofía de la vida.

 

 

 

Jaime Gil de Biedma

 

Jaime Gil de Biedma tenía la ternura de la poesía y una dialéctica
feroz. Era un poeta elegante, tanto en su aspecto físico como en su forma
de actuar y de escribir, muy sensible a la hora de leer a otros poetas o de
escuchar música. Le encantaba asistir a los conciertos del Liceo y, sobre
todo, a los íntimos en el Camarote Granados porque podía sufrir en libertad,
incluso llorar, las arias y los solos pianísticos. Mis primeros pasos en
la inmersión poética los recibí de un texto escolar que nunca olvidaré y de
las conversaciones con Gil de Biedma.
Fragmento de MANILA HOTEL