Con buen tiempo y mejores amigos, estuve firmando en la caseta de LIBRERÍA MUGA en la Feria del Libro.















Para mí, Gil de Biedma, había empezado siendo aquel cliente
del hotel, amigo de los Zunzunegui, para descubrir asombrado, poco
tiempo después, al poeta. Al dejar el hotel para entrar en el servicio militar,
Jaime me había regalado un ejemplar de su obra Moralidades de la
editorial mexicana Joaquín Mortiz, porque la censura no le había dejado
publicar el libro en España. Me dijo que el almacén de la editorial mexicana
se había inundado, estropeando gran parte de la edición, por lo que
aquel se podría considerar un ejemplar muy especial. Supe, ya antes de
leerlo, que lo era.
Fragmento de MANILA HOTEL


En una recepción en Manila con su hermano Luis y representantes de la compañía en Filipinas.
Estuvimos hablando durante una hora del bien, del mal y del mundo
onírico y vital de la poesía. También de las selvas nocturnas de Barcelona
en las que él ejercía de cazador activo, de la suave decadencia de la discoteca
Bikini de la Diagonal, al auge imparable de Bocaccio en la calle
Muntaner, pasando por los innumerables rincones de Tuset Street lugar
de encuentro de la Gouche Divine de Barcelona; gentes de pensamiento
progresista, incluso de ideas comunistas, pero con cuenta corriente de
derechas. Aquel era el mundo por el que mejor se movía Jaime. Actores,
actrices, fotógrafos de fama, periodistas, escritoras, modelos, poetas,
cantautores, burgueses venidos a menos, presuntuosas oligarquías ciudadanas
y cineastas de mérito o de éxito, se daban cita en la pequeña calle
que presumía de infidelidades, de sexualidades diferentes, de viajes extrasensoriales
y de todos los vicios mundanos bailando y magreando en The Pub o jugando a intelectuales escuchando jazz o a jóvenes poetas en el subterráneo de la cafetería Drac-drugstore, la celebrada Cova del Drac, punto de reunión y de primeros conciertos para cantantes que pronto contarían con la bendición popular, como Lluís Llach, María del Mar Bonet, Joan Manuel Serrat, Quico Pi de la Serra o Guillermina Motta, ejemplos de la llamada Nova Canço. En Tuset igual se hablaba de revolución sexual
que de tomar el Palacio de Invierno; de buena poesía y de catalanismo
que de montar una fiesta en uno de los pisos de la vecina Travessera
de Gràcia. Tal vez de esnifar en el coche frente a los jardines del Palacio
de Pedralbes, antes de cerrar la noche en el Kék Duna –Danubio azul– el
bar de Zoltán Czibor, el ex jugador del Barça, en la calle Capitán Arenas.
Nos reímos con las interminables anécdotas de Gil de Biedma sobre la
fauna que habitaba las noches de la calle Tuset y comentamos la situación
política y las últimas protestas mientras la botella de whisky iba menguando,
sacudida por la perenne sed de Jaime.
Fragmento de MANILA HOTEL


Jaime Gil de Biedma tenía la ternura de la poesía y una dialéctica
feroz. Era un poeta elegante, tanto en su aspecto físico como en su forma
de actuar y de escribir, muy sensible a la hora de leer a otros poetas o de
escuchar música. Le encantaba asistir a los conciertos del Liceo y, sobre
todo, a los íntimos en el Camarote Granados porque podía sufrir en libertad,
incluso llorar, las arias y los solos pianísticos. Mis primeros pasos en
la inmersión poética los recibí de un texto escolar que nunca olvidaré y de
las conversaciones con Gil de Biedma.
Fragmento de MANILA HOTEL


Dibujo de Anii Dream del MANILA HOTEL

Antiguo Manila Hotel.

Actual fachada del hotel. Hoy Hotel Le Meridien. Foto: Le Meridien
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Suena el himno alemán mientras Himmler da un saltito para bajar del peldaño
del vagón, seguido del SS- Obergruppenfüher Karl Wolff. Desde Irún se
traslada la comitiva a San Sebastián. Una lluvia tan gris como sus unifor-
mes les recibe. El paseo por los bulevares del centro, bajo el persistente
aguacero, no desanima al nazi. Los componentes de su séquito, calados
hasta los huesos, sonríen cínicamente.
La mente del dirigente nazi se pierde con el recuerdo del objeto de su
misión principal. Es el fundador de la Deutsches Ahnenerbe, una sociedad
de «iluminados» que investiga sobre lo que ellos llaman la herencia
ancestral alemana. La organización integrada en las SS, como sección
antropológica y arqueológica, indaga sobre el origen de la raza aria y
pretende hacerse con una serie de reliquias de todo el mundo que, supuestamente,
les den un poder inmenso.
Fragmento de MANILA HOTEL

El padre Ripol se excusa asegurándole que el Sagrado Cáliz no está en Montserrat. Ripol desconoce si en alguno de los innumerables pasadizos está escondida la
copa de Cristo, pero sí sabe que una buena parte de los misterios que
esconden las montañas del lugar tienen su respuesta en antiguos escritos
de los monjes benedictinos. Incluso las confesiones de algunos habitantes
de la zona relatando contactos con seres de otros mundos…
Fragmento de MANILA HOTEL

En San Sebastían
Después de unas visitas protocolarias en la ciudad donostiarra, la comitiva
se traslada a Burgos. La ciudad se ha preparado para recibirle,
las tiendas y negocios engalanan sus escaparates con esvásticas y cierran
para que todo el mundo acuda a vitorearle a la plaza del Rey San Fernando,
como les ha pregonado el alcalde de la ciudad, Florentino Martínez
Mata. El recibimiento es apoteósico. Los invitados son trasladados al palacio
de los Muguiro o de la Isla, cuartel general de Franco durante la
guerra, y donde el jerarca alemán cenará con el dictador español. Medio
centenar de comensales degustan los platos servidos por el personal del
Hotel Condestable. El Reichsführer saluda a Franco y le da recuerdos de
su amo, Franco le cuenta a su invitado que fue aquí precisamente, en su
despacho de este palacete, donde firmó el día primero de abril del 39 el
último parte de guerra. Sobre las once de la noche, con la barriga llena y
las conciencias vacías, los invitados toman un tren con destino a Madrid.
Fragmento de MANILA HOTEL

En Barcelona
Le queda la mejor pieza, y está en los sótanos de la Abadía de Montserrat. Se trata de
la copa que utilizó Jesús en su última cena y que recogió su sangre cuando
fue crucificado. La leyenda cuenta como José de Arimatea se la llevó a
Francia y que los cátaros de Montsegur fueron sus últimos guardianes.
Antes de que la última fortaleza cátara cayera en manos de los cruzados
de Simón de Monfort, alguien, a uña de caballo, llevó la sagrada reliquia
a Montserrat. El dirigente alemán cree a pie juntillas que el monasterio es
en realidad Montsalvat que aparece en la ópera Persifal de Wagner. Todo
le encaja, allí está la reliquia.
Ahora, el nazismo quiere recuperarla. Franco ordena que le den todas
las facilidades. Himmler se traslada en avión a Barcelona y después de
una comida en el Hotel Ritz para 90 comensales y una factura de más
de trece mil pesetas, a cargo del ayuntamiento, se dirige en coche hasta
Montserrat. El padre Andreu Ripol, al frente de la comitiva de monjes y
dirigentes franquistas, le recibe. El abad Mercet se niega a hacerlo porque
los nazis persiguen en Alemania a la orden Benedictina..
Fragmento de MANILA HOTEL
Todo en MANILA HOTEL, la primera aventura de JB

Granados era un excelente compositor y una gran persona. En la novela su viaje a Nueva York es parte importante del desarrollo de la trama. Hay infinidad de biografía suyas en la red, donde se comenta su vida y su obra.
Se dirigieron a una pequeña sala de ensayos donde un piano de cola se enseñoreaba del lugar, consciente de que sus marfiles habían sido acariciados por los mejores pianistas y compositores del momento. Granados se levantó la levita y se sentó en la banqueta, puso la partitura en el atril del piano y la tabla armónica del instrumento comenzó a amplificar la onda sonora de las hermosas notas de una extraordinaria pieza.
Fragmento de Manila Hotel

Sin embargo, lo importante, en lo que a Manila Hotel se refiere, es su viaje a Nueva York para el estreno de Goyescas en el Metropolitan y su frustrado regreso a casa.
El matrimonio se alojó en el Hotel Claridge y de inmediato fueron invitados a cócteles y recepciones, la sociedad neoyorquina se congratulaba de tener a un famoso compositor europeo entre sus nuevos rascacielos…
Fragmento de Manila Hotel.

En Nueva York, con el violonchelista Casals, – ambos en la foto – estrenó la obra con rotundo éxito.
El recibimiento en Norteamérica a mediados de diciembre del año anterior había sido emocionante. Pau Casals, el gran violonchelista, lo tenía todo preparado. Había dirigido personalmente los primeros ensayos, cada miembro de la orquesta conocía la obra a la perfección. Goyescas iba a ser, sin duda, un éxito.
Fragmento de Manila Hotel

Enrique Granados se atusó el bigote y con la partitura bajo el brazo tomó un taxi desde la Séptima Avenida hasta la calle 39 esquina Broodway donde se encontraba el Metropolitan, apenas tardó diez minutos.
Fragmento de Manila Hotel

La velada alcanzó el éxito que todos esperaban. Hasta diez veces tuvo que corresponder el elenco, capitaneados por el compositor, a las ovaciones del público.
Fragmento de Manila Hotel

El Metropolitan en la época del estreno de Goyescas.
A la mañana siguiente todas las críticas celebraban el triunfo de Goyescas. El prestigioso New York Times, bajo la firma de su crítico Richard Aldrich, se deshacía en elogios; hablaba de música de profundos sentimientos.
Fragmento de Manila Hotel
A partir del estreno empiezan una serie de acontecimientos que nos llevaran a desvelar un gran misterio…

Y también conducirán al terrible destino de los Granados a bordo de Sussex
La compañía ofrecía un refrigerio a los pasajeros en uno de los salones de proa, allí acudieron los Granados y algunos otros viajeros. Eran las dos de la tarde.
Fragmento de Manila Hotel

El Sussex había sido alcanzado, justo, donde Pustkuchen quería. El navío se levantó como si el mismísimo Neptuno le hubiese dado una terrible patada. La nave se partió en dos y la proa, donde estaban los Granados, empezó a sumergirse camino de la profundidades marinas, mientras la popa permanecía a la deriva mostrando indecentemente el interior del buque.
Fragmento de Manila Hotel
Todo en Manila Hotel, una aventura de Jordi Brotons (JB) escrita por Jordi Siracusa

En librería Albareda

En Editorial Comuniter

Con mi amigo el gran escritor José Luis Corral.

